Cada una de esas cartas están dobladas de la misma manera, con un pequeño ganchito en forma de triángulo que encierra dentro frustaciones y sentimientos adolescentes que en su momento abarcaban literalmente mucho más de lo que una hoja cuadriculada de tamaño A-4 puede reprimir. He abierto todas, las he apilado una sobre otra, y las he releído, como si no me acordara de qué me dijeron cada una de ellas, cada una de tus revelaciones.
Con tinta azul, errores ortográficos aberrantes y letra imprenta me reclamaste que tú no eras como yo, porque yo te alquilaba. Una vez incluso me odiaste con un trozo de papel más pequeño que la palma de mi mano que habías arrancado de tu cuaderno de mate porque me pediste que te metiera en mi maleta porque seguro que pasabas caleta por aduanas, y yo te dije que no, que no podías irte de viaje conmigo. Creo que todas las hojas de tus cuadernos tenían remarcado de escribir tan fuerte mi nombre, mis apodos, lo que me querías, lo que me necesitabas, lo que me odiabas, lo obesionado que estabas conmigo, lo que odiabas a mi papá, lo que extrañabas a mi mamá, lo que yo te decía, las puñaladas traperas que te daba, lo triste que era tu mundo sin mí, la importancia de tu existencia en mis miserables 15 años y lo culpable que me tenía que sentir por cada intento de suicidio que no te funcionó.He vuelto a deslizar cada broche de papel dentro de su propio capítulo de psicopatía infantil, las he juntado todas, las he metido en las caja de zapatos donde las encontré, y he metido la caja en el baúl que hay debajo de mi espejo, en la habitación que hace cuatro años no pisaba.
¿Te acordarás de todo eso? Odio la tinta azul. Siempre la odié. Si mal no recuerdo, él me escribía con lapicero negro, pero creo que tú sí que estabas enamorado de mí de verdad. Él no. Fácil sigues escribiendo con lapicero azul. He buscado las cartas que él me escribió como quién intenta encontrar desesperadamente el santo grial. No he encontrado ninguna, y tampoco me acuerdo qué hice con ellas. Posiblemente las quemé. Posiblemente quemé sólo las suyas, porque las tuyas las he vuelto a guardar hace un rato.
Cuando sea grande, si en algún momento de mi vida me digno a crecer, puede que las vuelva a leer.
¿... y porqué te quedas callada y me golpeas más fuerte en vez de decirme "me duele"?

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