jueves, 23 de agosto de 2007

My Favourite Game

Hace poco el madrastro me dijo que mi vida es como un videojuego. Dudé en creerle. También me dijo que me he quedado en las primeras pantallas, y que mis propios traumas, sean los que sean, no me dejan pasar al siguiente nivel. Pero ni siquiera sé en cual de todos los posibles niveles que pueda tener mi juego-vida me encuentro. Tampoco sé cuántos niveles tiene. Y tampoco encuentro un juego referencial para poner como espejo. Al fin y al cabo los premios rotos no vuelven a tomar forma, por más de que yo lo intente.
¿Soy yo la buena o la mala? ¿Son realmente los monstruos malos a los que combato los objetivos a vencer? ¿O estoy perdiendo rayas verdes de vida en misiones insignificantes...?
Me da algo de pereza resolver el enigma de cuál es el desenlace de mi propio videojuego (compatible con ps2, ps3, psp, wii, gba y 360), pero, de alguna manera o otra, tengo que conseguir pasar al siguiente nivel, necesito que la pantalla parpadee "Little Lettuce wins"y así hasta lo que dure. Porque los que me diseñaron crearon un personaje terco, que jamás le va a dar lugar a un tajante GAME OVER. Yiiiijah.

5 comentarios:

Alex dijo...

respondo con algo que salió de Dune: let the spice flow

Anónimo dijo...

Pues mira. Desde la perspectiva que da el llevar más pantallas jugadas, te aseguro que esto es como el mortal combat, puedes ir cambiando de personaje aunque siempre manejes tú el mando, y así eres a veces la buena, y otras la mala. Y también te digo que casi siempre mola más ser la mala, qué coño.
Y todas las misiones son insignificantes. Y a la vez no. ¿No?

Kinky dijo...

Jo. Gracias Schiz.
No sé Vili. Creo que no todas, incluso también tenga que ver por dónde las mires. Es que el Mortal Kombat me pone un poco nerviosa, la verdad. Y si, a veces ser la mala mola.

DémoNan dijo...

Jejeje bonita similitud la de la vida con un video juego, pero espero al igual que tú, que no salga el letrero GAME OVER. Besitos.

Kinky dijo...

Uy, nadie quiere que aparezca GAME OVER, pero los juegos siempre se terminan, cómo la vida.