lunes, 15 de enero de 2007

¿La hora de la verdad?

Este finde ha sido un poco raro. El viernes cogí un bajón, el sábado fue la despedida de mi nortaca, y el domingo fue mi último día de trabajo con ella. Y hoy tuve, por decirlo de alguna manera, el enfrentamiento cara a cara con ÉL, dicho de otra manera, la hora de la verdad. Vamos por pasos. El viernes, llegué a casa con una que otra lagrimilla desprendiéndose de mis ojos, tenía muchos puntos débiles dándome vueltas en la cabeza, en cierto modo desatado por unas de las clásicas discuciones de muy poca importancia con Mr. Perfecto (jaja)... luego de un rato, cuando ya se me había pasado la pataleta, me di cuenta (con cierto horror) de que había vuelto a esas épocas tan clásicas en mí en que mis niveles emocionales se disparan, y me pongo más sentimental que nunca. De momento, tema sanjado, ya lo superé. El sábado, luego de prácticamente rogar una reserva para poder ir a cenar a algún restaurante que se haga respetar, organizamos la cena en el bar del Gus, y luego de un pica-pica y unos cuántos trucos de magia, nos fuimos a casa de B. para luego irnos a mover un poco los pies (al final los pies se quedaron quietos), bla bla bla, una cuántas preguntas indiscretas (casi todas apuntaban a mí, yo también los quiero mucho), música, y cosas de éstas para pasar el rato; yo me aplatané, me entró el sueño y decidí quedarme allí. Y eso fue todo. Una despedida para una persona que yo pensé no se iría nunca. Bu. El domingo... el domingo fue normal, aunque un poco triste... bah.... es un día que no merece muchos comentarios. Y hoy.. HOY!!!!!!.... Es importantísimo recalcar algo, me he enterado hace unos días que Mr. Perfecto se encargó de contarle al Polaco que su amiguito, P.L., me encanta, y es OBVIO q ha ido corriendo a contárselo al susodicho.... entooooonces, hoy fue al video, y me di cuenta de que ya lo sabía porque se puso rojo, y ya por inercia me puse roja también. Me preguntó que tal estaba, yo dije que bien, me empezó a hacer muequitas por una mujer muy pesada a la que estaba atendiendo, y me preguntó que si podía robar una chuche. Y punto. Chulito, gracioso y mono como siempre. Y esa fue la hora de la verdad. Verle la cara después de que me hubieran delatado. Ni comentarios raros e inoportunos, ni explicaciones. Ya veremos que pasa más adelante. De momento, todo controlado. ¿Pero quién sabe?... ya os digo... sálvese quién pueda.

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